

Tienes la tarima elegida, la habitación medida y, justo antes de empezar, aparece la pregunta que casi nadie se hace a tiempo: ¿en qué dirección instalar la tarima flotante? Parece un detalle menor, pero no lo es. La orientación de las lamas cambia cómo se percibe el tamaño de la habitación y cuánto se marcan las juntas. Y una vez instalada, no hay vuelta atrás sin levantar el suelo.
Como fabricantes, en Hitawood vemos este dilema a diario cuando asesoramos a clientes en Madrid. Aquí te contamos los criterios que usamos nosotros para decidir el sentido de las lamas, sin entrar en la instalación paso a paso.
El criterio clásico, y el que más peso tiene, es la luz natural. La recomendación general es colocar las lamas en paralelo a la dirección en la que entra la luz, es decir, perpendiculares a la pared donde está la ventana principal.
¿Por qué? El efecto es fácil de comprobar:
Piensa en un salón con un balcón grande orientado al oeste, algo muy habitual en pisos de Madrid: por la tarde entra una luz rasante muy potente. Si las lamas van en el mismo sentido que esa luz, el suelo luce limpio y uniforme. Si van cruzadas, la luz de tarde te dibujará todas las juntas, una a una.
La luz manda, pero la geometría también opina. Hay una segunda regla muy asentada: las lamas colocadas a lo largo de la dimensión mayor de la estancia hacen que el espacio parezca más largo y ordenado; colocadas a lo ancho, lo hacen parecer más amplio pero también más corto.
En la práctica:
Es el caso más frecuente: un salón alargado con la ventana en una de las paredes largas. Si sigues la luz, las lamas quedan cruzadas respecto a la estancia; si sigues la forma, la luz marcará las juntas. ¿Qué hacemos nosotros en estos casos?
Un truco sencillo antes de decidir: coloca cuatro o cinco lamas sueltas en el suelo en una dirección y míralas a distintas horas del día; luego repite en la otra. Para eso sirven, entre otras cosas, las muestras gratuitas que enviamos: no solo para elegir tono y acabado, también para probar orientaciones en tu propia casa con tu propia luz.
No es lo mismo orientar una lama estrecha que una tabla ancha y larga. Cuanto mayor es el formato, más protagonismo tiene cada tabla y más se nota una dirección mal elegida. Con lamas anchas, el efecto de alargar o acortar visualmente la estancia se multiplica, para bien y para mal.
Si estás dudando entre formatos, te puede interesar ver nuestras tablas de gran tamaño: en estancias amplias y diáfanas, una lama larga bien orientada hacia la luz consigue un efecto de continuidad que las lamas cortas no pueden dar. En espacios pequeños, en cambio, un formato más contenido perdona mejor los compromisos de dirección.
La especie de madera también juega. Un suelo de roble con veta marcada acentúa la direccionalidad de las lamas; maderas de veta más discreta resultan más neutras si has tenido que sacrificar la orientación ideal.
Existen alternativas a la colocación recta: la diagonal a 45 grados, que aporta dinamismo y disimula paredes no paralelas (frecuentes en edificios antiguos del centro de Madrid), y los despieces decorativos tipo espiga, que convierten el suelo en protagonista. Son opciones preciosas, pero exigen más material por los cortes y una mano experta. Si tu caso es una vivienda con paredes torcidas o buscas un suelo con carácter, coméntanoslo y te orientamos sobre qué despiece encaja mejor.
La dirección de la tarima se decide bien cuando puedes ver la madera real en tu espacio real: con tu luz y tus paredes. Sobre un plano o una foto de catálogo es fácil equivocarse.
Por eso, antes de cerrar la compra, te proponemos algo sencillo: pídenos muestras gratuitas de los modelos que te gusten, colócalas en el suelo en las dos direcciones posibles y obsérvalas por la mañana y por la tarde. Si después sigues con dudas, escríbenos o llámanos y te asesoramos sobre la orientación más adecuada para tu vivienda y sobre la instalación. Como vendemos directamente desde fábrica, hablas con quien conoce el producto de principio a fin.